Filosofar, ¿un acto inevitable?
Filosofía, aquella “madre de todas las
ciencias” que, con el paso de los años, se convirtió en la “madre repudiada”.
¿Quién habla hoy en día de la filosofía? En un mundo en el que prima el cientificismo
y el positivismo, ¿hay lugar para una ciencia “inútil”? Es más, ¿realmente
todas las ciencias deben tener una utilidad?
Estas son algunas de las preguntas a las que
buscaremos respuesta a través de esta disertación. No es nada nuevo cuestionarse el propósito de la filosofía. De hecho, estas preguntas han existido desde el
nacimiento de la misma. Sin embargo, el origen de la ciencia incrementó, aún
más, la sed de respuestas. Fue esta mentalidad científica la que puso en duda
si la filosofía tenía algún tipo de sentido en nuestra vida.
Los seres humanos somos naturalmente complejos: no somos únicamente ciencia. Estamos construidos por miles de facetas y, para encontrar el porqué de la vida y alcanzar nuestra propia felicidad, debemos intentar entenderlas todas. ¿Es este el momento en el que encontramos el valor de la filosofía? ¿Y si todos nacemos filósofos?
Es innegable que la ciencia, a lo largo de
su existencia, ha logrado numerosos éxitos que la filosofía siquiera puede
proponerse. Sin embargo, el poder pensar crítica y racionalmente, reflexionar
sobre el porqué de hechos que se aceptan pero no se cuestionan, etc. es tarea
de la filosofía.
Esta ciencia nos ayuda a conocer las raíces de nuestra sociedad y de la democracia. Los derechos humanos que todos nosotros poseemos, por ejemplo, existen gracias a las reflexiones filosóficas sobre la dignidad, el bien y la justicia. De hecho, fue este libre pensamiento el que inició revoluciones que, hoy en día, hacen que muchas mujeres, personas negras, homosexuales, etc. no sean condenados a pena de muerte por el simple hecho de ser ellos mismos. Como dijo una vez Platón, “la libertad consiste en ser dueños de la propia vida”. La filosofía, al cuestionar todo este tipo de prejuicios y estereotipos, nos hace ser mucho más libres e independientes. En definitiva, nos hace ser mucho más nosotros.
Como vemos, la filosofía es la principal fuente del cambio social y, por extraño que parezca, también impulsa la evolución científico-técnica. Al integrar todos los avances y nuevos conocimientos en un saber único, la filosofía propone nuevos interrogantes constantemente. Además, sin ella, las dificultades para progresar serían mucho mayores, ya que es la encargada de clarificar muchos de los conceptos que se emplean en otros campos científicos. Por último, también analiza crítica y éticamente los avances tecnológicos que pueden suponer un antes y un después para la humanidad. Mientras la ciencia se pregunta, ¿qué tan lejos podemos llegar?; la filosofía se cuestiona, ¿realmente supone un beneficio llegar tan lejos?
Intentar encontrar el significado de la felicidad es otra de las utilidades más importantes de la filosofía. Construirnos a nosotros mismos no es una tarea fácil en absoluto. Durante este proceso, nos enfrentamos a miles de preguntas a las que no encontramos respuesta. Sin embargo, esa búsqueda forma parte del camino.
Aprender a pensar y a fundamentar nuestra opinión nos trae infinitos beneficios. La democracia, por ejemplo, pilar fundamental de nuestras sociedades, no existiría sin este espíritu crítico.
En conclusión, el preguntarse “¿para qué
sirve la filosofía?”, es una reflexión filosófica en sí, ya que no hay una
respuesta única y sólida, sino que también debemos tener en cuenta lo que “utilidad”
signifique para nosotros. Si entendemos este concepto como “la capacidad que
tiene una cosa de servir para hacer otra”, la filosofía es totalmente inútil. La respuesta a esta gran pregunta va mucha más allá: nos permite conocer profundamente la realidad y
a nosotros mismos. Sin ella, las personas seríamos esclavos de pensamientos
ajenos, las sociedades no avanzarían y, al no desarrollarse un pensamiento
crítico, seríamos totalmente dependientes.
Llegando a esta conclusión es cuando encontramos el valor de la filosofía y nos damos cuenta de que, como seres humanos, reflexionar y filosofar es inevitable.
Los seres humanos somos naturalmente complejos: no somos únicamente ciencia. Estamos construidos por miles de facetas y, para encontrar el porqué de la vida y alcanzar nuestra propia felicidad, debemos intentar entenderlas todas. ¿Es este el momento en el que encontramos el valor de la filosofía? ¿Y si todos nacemos filósofos?
Esta ciencia nos ayuda a conocer las raíces de nuestra sociedad y de la democracia. Los derechos humanos que todos nosotros poseemos, por ejemplo, existen gracias a las reflexiones filosóficas sobre la dignidad, el bien y la justicia. De hecho, fue este libre pensamiento el que inició revoluciones que, hoy en día, hacen que muchas mujeres, personas negras, homosexuales, etc. no sean condenados a pena de muerte por el simple hecho de ser ellos mismos. Como dijo una vez Platón, “la libertad consiste en ser dueños de la propia vida”. La filosofía, al cuestionar todo este tipo de prejuicios y estereotipos, nos hace ser mucho más libres e independientes. En definitiva, nos hace ser mucho más nosotros.
Como vemos, la filosofía es la principal fuente del cambio social y, por extraño que parezca, también impulsa la evolución científico-técnica. Al integrar todos los avances y nuevos conocimientos en un saber único, la filosofía propone nuevos interrogantes constantemente. Además, sin ella, las dificultades para progresar serían mucho mayores, ya que es la encargada de clarificar muchos de los conceptos que se emplean en otros campos científicos. Por último, también analiza crítica y éticamente los avances tecnológicos que pueden suponer un antes y un después para la humanidad. Mientras la ciencia se pregunta, ¿qué tan lejos podemos llegar?; la filosofía se cuestiona, ¿realmente supone un beneficio llegar tan lejos?
Intentar encontrar el significado de la felicidad es otra de las utilidades más importantes de la filosofía. Construirnos a nosotros mismos no es una tarea fácil en absoluto. Durante este proceso, nos enfrentamos a miles de preguntas a las que no encontramos respuesta. Sin embargo, esa búsqueda forma parte del camino.
Aprender a pensar y a fundamentar nuestra opinión nos trae infinitos beneficios. La democracia, por ejemplo, pilar fundamental de nuestras sociedades, no existiría sin este espíritu crítico.
Llegando a esta conclusión es cuando encontramos el valor de la filosofía y nos damos cuenta de que, como seres humanos, reflexionar y filosofar es inevitable.
Comentarios
Publicar un comentario